Un
policía murió este viernes en un atentado atribuido
a la organización armada vasca ETA, al estallar su coche en la localidad
de Arrigorriaga (Vizcaya), cerca de Bilbao.
Se trata del inspector de la Policía Nacional Eduardo Puelles,
de 49 años, nacido en el País Vasco, indicó un
portavoz de Interior del gobierno vasco.
La explosión se produjo a las 09H05 locales (07H05 GMT) en un
aparcamiento. El estallido provocó un fuerte incendio en el coche
que se propagó a otros vehículos, según las imágenes
difundidas por la cadena de televisión Cuatro.
La explosión fue provocada por una bomba-lapa, según el
Gobierno, de entre 1,5 y 2 kilos de explosivos que fue colocada junto
al depósito de combustible del coche, según fuentes de la
investigación citadas por los medios.
El
atentado fue atribuido a ETA por el lehendakari (presidente vasco),
Patxi López.
Fuente:
AFP
EUSKAL HERRIA Los discursos no alteran la realidad
Por: Gara
La muerte en atentado de Eduardo Puelles
García,
jefe del Grupo de Vigilancias Especiales de la Brigada de Información
de la Policía española en Bilbo, unidad encargada de la
lucha contra ETA, refleja en toda su crudeza el conflicto vasco. Es también,
entre muchas otras cosas, una muestra del escaso valor de las especulaciones
que en términos de victoria y derrota se lanzan a menudo desde
el Gobierno español en relación al conflicto vasco. Especulaciones
que, en el mejor de los casos, buscan conseguir una ventaja política
sobre el enemigo de cara a un futuro acuerdo. Discursos que, en el peor
de los casos, buscan dificultar o incluso cerrar las puertas a una negociación
que no tiene otra alternativa que la perduración del conflicto
por varias generaciones. Discursos que, en definitiva, o bien son irresponsables
o bien son directamente responsables del alargamiento del sufrimiento
para todas las partes.
Desgraciadamente, esos discursos de firmeza
-y al fin y al cabo de negación-,
pronto dan paso a la apología de la venganza. Se busca así,
precisamente en nombre del sufrimiento, la inhibición social frente
al sufrimiento ajeno. Y se pretende implantar un esquema maniqueo que
hace de la negación de la realidad su principio rector. Esta misma
semana los portavoces del Gobierno de Lakua han afirmado que en Euskal
Herria no existe conflicto político y que harán de esa idea
no sólo su lema, sino su criterio para otorgar o eliminar derechos
políticos y civiles básicos. Los políticos, más
aún quienes ostentan cargos públicos, pueden y deben plantear
sus objetivos, sus anhelos y sus posiciones políticas, y deben
hacerlo firmemente. Pero no pueden negar la realidad. Y menos aún
hacer de esa negación un elemento de supuesta superioridad moral.
El atentado, al igual que el resto de
expresiones violentas, evidencia la necesidad de buscar una resolución del conflicto político
en parámetros de diálogo, acuerdo, respeto, democracia,
justicia y paz.
Izquierda
abertzale: «El diálogo es la vía»
La izquierda abertzale no esperó para valorar la muerte de Puelles,
que situó junto a las últimas detenciones o la desaparición
de Jon Anza como muestras «de la crudeza del conflicto político».
En una nota, expresó su «plena disposición a contribuir
de manera constructiva en la búsqueda de escenarios que permitan
abrir un proceso de diálogo inclusivo e incluyente que asiente
definitivamente un escenario de paz (...) Ese es el camino... no hay otro»,
resumió. La nota pone el acento en que «el diálogo
y la negociación son las únicas herramientas» para
la solución. Tras afirmar que «todos los elementos están
sobre la mesa, por lo que todos los agentes políticos hemos de
actuar con responsabilidad entablando dinámicas de diálogo
y negociación política», estima que «la actual
apuesta del PSOE de incrementar la represión y cerrarse en banda
al diálogo no hace más que alimentar la confrontación».